Hay que ser conforme. No importa cuándo y dónde la vida nos regala una ventana para asomarnos y disfrutar. Es sólo lo que nos podemos llevar cuando partimos de esta tierra, lo que vivimos, lo que gozamos. Fuiste bendecido si lograste amar y recibiste el placer, las caricias y la felicidad de un ser que compartio contigo momentos inolvidables. Indudablemente, el que ha llegado amar tiene la dicha de estar complacido que experimentó y sintió lo que no se puede explicar con palabras.
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